miércoles, 22 de octubre de 2008

Cadáver exquisito: parte dos.

Tiempo, tiempo, tiempo. Clock!! En fin...Está todo dicho, aunque podría ser granulado. De arroz o de maicena. La fugazza no me gusta. Volvamos a lo obvio. ¿La espera? ¿Y si arrancamos pa´buscarlo no sería mejor? Si, dalo por hecho que los hechos los hacemos nosotros. Los hacemos propios, cada uno con su esencia, con sus virtudes, con sus defectos. Cada uno fumando un...sol que queme en el fin del mundo. Y en el fin del mundo...cuando llegue el fin del mundo, recibirlo con los brazos abiertos para que entre y nos modifique. Que nos haga cosquillas y nos saque las ganas de fruncir la frente. Que se formen las patas de gallo y que se perpetúen en el tiempo. Que grite de miedo de adentro, de donde no hay tiempo.

De repente saltamos juntos hacia ningún lado y ese ningún lado era esto, lo más parecido a ser libre. Y de a muchos, de a tantos, de a montones nos agarramos de las manos, de los pies, de las entrañas. Y si no están, se extrañan. Cuántos, cuántas, muchos, pocos... Montones de kilómetros para adentro del vacío. Caer a donde no hay nada, y en la nada soplar fuerte y volar, y rebotar entre las nubes. Y en la nada hacer nada. Y nadamos hacia la meta, meta y meta! Nadar en la nada, sabiendo que de tanto nadar podemos cruzarnos con...con esa que nos sorprenda. O cruzarnos con la de siempre y nos sorprende la espera. O el paso del odio al amor, de la espera a la alegría, de la rutina al descanso y al descanso. Buscamos unos a otros y buscamos nuestro interior. No importa donde. En un cuartito azul.

Me parece que salen cosas muy interesantes de cada uno. Aparece nuestro sentir, somos libres (por lo menos ahí). Y de esa forma formamos el grupo que somos, nos conocemos a pesar del poco tiempo que estamos compartiendo el espacio. Es realmente increíble lo que sucede y nos sucede, energías variadas que se unen en...sucede que pasa la vida y nos suceden sucesos. Nos suceden sucesos cada vez que nos despertamos y salimos y saltamos y volamos y nos despeinamos con la vida que se va. Nos despeinamos con las palabras del otro. Nos despeinamos cuando nos miran muy fuerte. O cuando nos cuentan algo, Todo lo lindo que nos rodea en esas cuatro paredes nos cuesta, pero vale la pena esperar. Esperar por el juego, el rito, el calor, ese fuego interno que busca su voz de niña que espera llorando. Llorar y llorar, puede ser. Pero mejor si tenemos a mano una palangana para juntar todas las lágrimas.

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